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© Bernardo Montoya

Cada espacio arquitectónico tiene una historia. El espacio tiene una historia y esa historia está en proceso de construcción. Esto se evidencia desde la pintura que se desvanece en las paredes, en las humedades, en las modificaciones que inhabilitan puertas y ventanas, los usos y necesidades. Todos ellos intervienen el espacio. Cuando una obra de arte ocupa un espacio se hace parte de esta historia y queda envuelta en el lugar; de la misma forma, la historia del espacio reconfigura y reconstruye la obra. El espacio donde ocurre la obra es parte también de la obra.

1789-2014 tiene lugar en la sala 2 de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño. Persigo conocer el espacio desde sus paredes, para lo cual opto por descubrir y visibilizar las múltiples capas de pintura que han ido cubriendo sus muros desde el año de su construcción hasta el presente. Esta es una acción que me permite escrutar la historia de la casa desde un lugar determinado. Gracias a ella se abre otra dimensión para la obra, en donde los objetos se disponen evocando un pasado que construye en el presente. Así, por ejemplo, objetos provenientes de un anticuario y de la demolición de una casa del centro de Bogotá, son recontextualizados en este otro espacio, y evocan el pasado mientras construyen en el presente un juego inacabado: lo antiguo y lo desechado interactúa con lo nuevo y reactualizado.